Tal
vez
Escribir puede servir para muchas cosas. Claramente, se puede hacerlo sin imaginación, pero no se puede sin creatividad. Cualquiera puede crear una buena historia, si sabe cómo contarla. Entre tener un buen argumento y tener una buena narrativa hay muchísima diferencia, tu argumento pueden ser el camino que alguien usa para llegar al centro de la ciudad; si sabes contarlo será bueno, si no será algo peor que una simple crónica. Pero ese no es el protagonista de éste artículo, así que el tema se tomará luego. Volviendo, escribir puede servir para muchas cosas.
Desahogarse, contar algo, entretener, divertirse, pasar el rato, dar a conocer
algo, vender; lo que sea. Y puedes hacerlo de distintos temas a tu elección,
desde cómo estuvo tu mañana pasando por los nuevos descubrimientos de la NASA
hasta crear un mundo completamente ficticio con sus historias, personajes,
países y geografías complejas. De lo real a la ficción.
En cierta ocasión
escuché decir a una maestra que la fantasía era un mal género, que el arte sólo
sirve para representar la realidad y para darla a conocer. Reflejar lo que uno
puede llevar dentro o lo que está viendo en su exterior. Yo no puedo estar en
mayor desacuerdo por muy buena que sea mi maestra. Sin embargo, es un tema que
siempre me pongo a pensar, ¿Cómo yo como pseudo-cuasi-poeta voy a poetizar
sobre la muerte si nunca he visto a alguien morir en mi misma sala, si nunca he
muerto yo? ¿Cómo voy a describir la sensación de haber tenido sexo si soy
virgen? ¿Cómo puedo hablar de cosas que no conozco? ¿Cómo puedes hablar de algo
que no has vivido?
Por mucho que
investiguemos, que leamos testimonios, que hablemos con personas que hayan
tenido un ataque cardíaco… Aunque seamos capaces de escribir algo con mucho
apego a la realidad, no podemos llegar a conocer las cosas a su profundidad a
menos que las vivamos. No podremos (o eso espero) sentir la guerra sobre
nuestras cabezas, el dolor de ser apuñalado, la sensación de estar drogado, el
placer o el horror al matar otro ser vivo, un humano. Quizás sí, quizás no. Aunque
sé que Tolkien jamás vio la belleza de Arwën o disparó una flecha con la
precisión de Legolas; aunque sé que C.S. Lewis jamás se encontró con un león
gigante, o se convirtió en un dragón; les creo. Cuando uno lee uno cree.
Esa es la magia.
Uno puede escribir de
lo que conoce, pero también uno puede hacerlo de lo que imaginas. Si no, ¿cuál
es el punto de toda la literatura? Sé que Michael Ende, por cualquier droga que se haya metido o no, nunca entró
dentro de un libro y participó en la histo… ¿lo que estoy diciendo tiene
sentido?
Metáforas. Michael Ende
con La Historia Interminable utilizó metáforas. J.R.R. Tolkien con el Señor de
los Anillos utilizó metáforas. Las historias fantásticas en su mayoría están
compuestas por metáforas, que son adaptaciones de la realidad con otro lenguaje
muchísimo más complejo (no hablando de lo poético… o sí… o no, dependiendo).
Todas las historias acompañadas de, claro, muchas (muchísimas) pintas de
imaginación pero que aprovechaban al máximo todos los conocimientos que los
escritores antes citados tenían de guerra, de historias, de idiomas. No está
mal, es válido (y es genial) pero siempre habrá gente que devalúe los libros si
no son de pintas realistas. Mímesis y Diégesis: siempre en conflicto;
Aristoteles y Platón, Sancho Panza y el Quijote.
Sin querer, al
contar una historia de género fantástico o una historia realista-fantástica
tipo policíaca, o lo que deseen, agregaremos muchas cosas que nosotros
conocemos aparte de las cosas que imaginamos. Agregaremos cosas de nuestro
entorno, así Kafka con los sistemas judiciales, o Tolkien con «¡las águilas,
llegaron las águilas!» (que no es más que una forma de llamar a la asistencia
aérea durante la guerra). Y a eso le llamamos el contexto de la obra, las cosas que influyen en
uno a nivel subconsciente, deseos, traumas, o situaciones de tu vida y de tu
entorno. Y de eso, deberían saber que no podemos zafarnos. Eso es lo que conocemos, y contrasta y se
complementa con lo que imaginamos,
con lo que creamos, y es
lo que hace o hará a la historia.
Si se toman en serio
la escritura o la literatura, y tienen profesores muy cabezadura que crean que
un escritor debe de escribir de lo que conoce y no de lo que imagina: ténganles
paciencia y no se dejen influenciar por muy buenos que sean esos maestros o los
conocimientos que tengan esos individuos acerca de la literatura universal. El
teórico teatral Konstantin Stanislavski tenía un concepto llamado «Si mágico».
Así, sin tilde. Esto se enseñaba a los alumnos como un acto de voluntad, en el
que ellos como actores debían de vivir la situación ficticia como si fuera real, y así crear una
interpretación realista, aún en situaciones descabelladas. El Si Mágico se basa
en la imaginación.
Trasplantando esta técnica actoral a la literatura, cuando leemos/escribimos
algo que es tan descabellado como el mundo de Fantasía, la imaginación y la
forma de contarlo, es lo que nos hará sentir que estamos leyendo algo real. Y
analizando la obra, sabremos por el contexto que tendrá sus pintas de realidad.
Escribir lo que conoces y lo que imaginas, es la forma adecuada de realmente
escribir algo real, aunque
esa realidad no exista en lo aparente. Aunque esa realidad existe sólo en el
papel y en tu cabeza. La literatura es ficción y es realidad al mismo tiempo.
Así que escribe de lo
que quieras, lo que conozcas y lo que sientas. No importa si es real o es
ficticio. Piensa, imagina y crea.





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