Título: El impostor/ Título original: The imposter/ Director: Bart Layton/ Duración: 99 minutos / Subgénero: Documental/ País: Gran Bretaña
The Imposter es un documental que
relata una realidad inverosímil. Te cuesta creerlo. A veces se cumple eso de que la verdad supera
a la ficción. Nos explica la historia de cómo Frédéric Bourdin se hizo pasar
por un joven que llevaba desaparecido tres años. E insisto que es un documental,
totalmente basado en hechos reales.
Y eso no es tan fácil de crear
como parece. Pensad que los documentales no son la preferencia del público
(muchos en lo primero en lo que pensamos es en Nathional Geographic y sus ya
típicos documentales de animales). ¿Por qué tenéis que tener en cuenta esto?
Porque, estaréis de acuerdo conmigo, siempre está esa preocupación de ganar
dinero. No digo que toda la industria del cine tenga esta como su primera prioridad,
pero siempre está en la lista de preocupaciones. Y si el género no es atractivo
para el gran público, a veces los directores utilizan artimañas para atraerles,
tales como adulterar la historia para hacerla más interesante.
Por ello me parece que este
documental merece un reconocimiento. No hay ni una sola dramatización de los
hechos. Esto no quiere decir que no haya ningún fotograma en el que se recreen
escenas del pasado. De hecho, prácticamente todas esas escenas son
representadas por actores. Aquí está el dato relevante: siempre respetando la
verdad.
Ahora mismo seguramente estaréis
pensando que es imposible porque no pueden saber qué pasó o que será un
documental muy aburrido. Lo primero lo solucionaron hablando con cada uno de
las personas implicadas en la historia: la familia de Nicholas Barclay, el
Impostor, trabajadores de la embajada, una investigadora del FBI, un detective
privado. Para saber exactamente qué pasó en cada momento. Y además aprovecharon
sus testimonios para conseguir una estructura interesante.
He de admitir que a mí me
enganchó desde el principio. Fueron muy ingeniosos al empezar con esas
declaraciones, y de esas personas. Te dejan intrigado. Y cada vez lo estás más,
porque la información te llega a cuentagotas. Además, también juegan con el
factor emoción. No con palabras sentimentales de la parte de los parientes (que
alguna hay), sino con los gestos y las expresiones de todos los implicados. Por
ejemplo, a mí me sorprendió mucho lo bien que trazaron la personalidad de
François por cómo se movía y miraba a la cámara. Las partes actuadas tampoco te
dejan indiferente. Eligieron cuidadosamente las localizaciones y cómo
grabarlas. Es una maravilla ver la escena donde los policías van en busca del
impostor, esa lluvia le da tanto dramatismo. La verdad, la post-producción de este
documental es perfecta, te enamora.
Mezclando todos estos aciertos consiguen
una cinta envolvente. Donde cada elemento del documental refuerza los demás. Construyendo
poco a poco un camino hasta el final sorprendente. Por desgracia, nos dejan con
ganas de saber la solución del mayor misterio de todos. En definitiva, se nota
que esté documental necesito mucho trabajo y el resultado es una maravilla
visual pero también narrativa. Una hora y cuarenta minutos muy entretenidos,
ideales para pasar una tarde.




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